El fútbol es un deporte que mueve pasiones. Cada vez son más los socios y aficionados de los distintos equipos profesionales de balompié los que vibran siguiendo los partidos de sus equipos del alma. Y, aun estando inmersos en una de las peores crisis económicas por las que ha atravesado España, muchos son los estadios de fútbol que se llenan semana tras semana para dar apoyo y calor a los equipos que confían en su hinchada para amedrentar al rival de turno.
Podríamos considerar que para algunas personas el futbol se ha convertido en poco menos que una religión. Es, como les pasa a otros con la religión, lo que les mueve a salir de casa los domingos para reunirse con sus iguales en un templo donde practicar su fe. Estos santuarios que visten los colores de los clubes, están quitándole el protagonismo a los centros religiosos. Los monumentos del pasado que admiran hoy en día los turistas son las iglesias y catedrales, pero quién sabe si el día de mañana las reliquias escultóricas que visiten nuestros descendientes sean los coliseos del deporte rey.
Los estadios de fútbol, poco a poco, se van haciendo un lugar entre las construcciones emblemáticas de las principales ciudades del mundo entero, pero no debemos olvidar que los equipos más grandes del mundo empezaron siendo clubes modestos que disputaban sus encuentros en campos con capacidad para unas pocas decenas de aficionados. Pasito a pasito, fueron creciendo en admiradores, presupuesto y calidad, y sus campos se les quedaron pequeños para el alud de seguidores deseosos de ver jugar a su conjunto. Siguiendo el símil anterior, podríamos decir que pasaron de ser pequeñas capillas a convertirse en catedrales inmensas que acogen a millares de feligreses futboleros.
A día de hoy, en pleno siglo XXI, muchos de los equipos de la liga BBVA están pensando, si no lo han hecho ya, en reformar las instalaciones donde disputan sus encuentros para aumentar su capacidad. Sin ir más lejos, el pasado sábado el Futbol Club Barcelona hacia un referéndum para la aprobación del proyecto de ampliación del campo que presentó su junta directiva. Este referéndum resultó en un rotundo ‘sí’ que deja vía libre a la junta directiva encabezada por Bartomeu seguir adelante con un proyecto que prevé gastar unos 600 millones de euros para pasar de una capacidad de 98.000 espectadores a más de 105.000, así como cubrir todas las localidades para evitar la baja asistencia en días lluviosos.
Pero el Barcelona no es, ni mucho menos, el único equipo que ha cambiado o quiere cambiar el recinto donde su equipo juega actualmente. Su eterno rival, el Real Madrid, anunciaba ya a finales de enero el proyecto de remodelación de su coliseo que, en este caso, no aumentaría el aforo. Los 400 millones de euros dedicados a esta causa servirían para instalar una cubierta retráctil sobre el campo, la construcción de un hotel y un centro comercial adyacentes al campo y la creación de un parquin subterráneo.
Otro equipo que ha presentado esta semana un proyecto de reforma para sus instalaciones es la Real Sociedad, con la previsión de un ‘Nuevo Anoeta’. Esta remodelación, que costará cerca de 43 millones de euros, permitirá a los donostiarras aumentar su capacidad hasta los 42.300 espectadores, 10.300 más que en la actualidad. Este nuevo estadio cambiará por completo la fachada exterior, modernizándola y añadiéndole ocho pilares nuevos para su sustentación.
Estos son algunos de los equipos que pretenden estrenar pabellón en breve, pero los hay que ya han terminado las obras y ya presumen de nuevas instalaciones ante los equipos visitantes. Es el caso del Athletic de Bilbao, que estrenó el pasado setiembre el Nuevo San Mamés. El nuevo estadio de los leones pasó de tener menos de 40.000 asientos la pasada campaña a los más de 53.300 este curso. Des de su aprobación en marzo de 2007 a su estreno en verano de 2013, 6 fueron los años que tardó en alzarse el campo que sustituiría el estadio de La Catedral.
El Real Club Deportivo Español se anticipó y empezó a dar uso a su nuevo recinto en Cornellà-El Prat en verano del 2009. Unas instalaciones que permiten acoger a poco más de 40.000 aficionados, frente a los más de 55.000 seguidores que podían asistir en cada partido al Estadio Olímpico Lluís Companys de Montjuïc. El caso del equipo catalán pudiera paracer estraño puesto que, a diferencia de los casos anteriores, se muda a un estadio con menor capacidad que su predecesor, pero tiene su explicación: el Espanyol no conseguía a menudo llenar un coliseo que le quedaba grande y frío (más si tenemos en cuenta las pistas de atletismo que separaban aficionados de jugadores). Con el cambio a un campo más cerrado y totalmente cubierto, el RCD Español pretendía conseguir mayor ambiente entre los socios y aficionados de las gradas.
El último caso que vamos a analizar es el del Valencia, un caso que nos permite ver como las pretensiones demasiado altas pueden acabar saliendo caras. El Valencia FC inició en el año 2007 las obras de construcción del Nuevo Mestalla, un estadio que debía permitir a los valencianistas aumentar sus localidades de 55.000 a más de 75.000. El proyecto contemplaba el estreno del estadio en verano de 2009, dos años después del inicio de la edificación. En febrero de ese mismo año se anunciaba el paro de las obras por falta de liquidez (tras la desorbitada deuda del club que se ve obligado a pagar el club) y no fue hasta finales de 2011 que se anunció el reinicio de las obras que preveían tener el estadio para finales del año pasado. Pero aún hay más, en noviembre del 2013 la nueva junta del club anunciaba un recorte del presupuesto para la construcción del nuevo estadio, que conllevaría la reducción del aforo (a 61.500 localidades) y el descubrimiento de parte de las gradas que expondrían a los espectadores a las inclemencias del tiempo. Hoy por hoy, el club está pendiente de encontrar financiación.
Así pues, los estadios de fútbol crecen día a día con presupuestos millonarios. Unos estadios que acogen hoy en día a millones de personas que acuden para ver el deporte de moda. Una moda que quizá siga eternamente y nos lleve a ver auténticas obras faraónicas en sus recintos. Pero quizá no dure para siempre y, ese día, estos campos quedaran desiertos y serán visitados por los turistas que querrán ver lo que un día fueron ollas a presión que vivían en sus carnes la pasión por el fútbol. Unos pabellones vacíos que serán para los turistas del mañana como los coliseos greco-romanos o las catedrales góticas para turistas de hoy.






