Espectacular y minimalista a partes iguales ,¨Las niñas no deberían jugar al futbol¨ nos muestra el verdadero significado de la palabra ¨tensión¨.Una obra que se las ha arreglado para realizar un doble espectáculo; los espectadores pueden disfrutar de una historia en el escenario y otra en su cabeza. Es inevitable hacer conjeturas propias durante todo el transcurso de la obra ya que lleva al espectador a sacar sus propias soluciones a las preguntas de ¿Por qué?, Cómo? y ¿Dónde?
Con tan solo seis sillas, un dispensador de agua y el talento en estado puro que derrocha todo el elenco, ¨Las niñas no deberían jugar al futbol¨ nos transporta a la sala de espera de un hospital en el que coinciden tres desconocidos vinculados, sin saberlo, por tres de sus seres queridos hospitalizados en estado de coma, tras un accidente de coche.
La capacidad interpretativa de los actores nos llevará a plantearnos si en realidad conocemos a las personas que queremos, si nuestra vida es una farsa urdida por el cariño que conferimos a otros y, sobre todo, nos hará darnos cuenta que una ficción de tal tamaño podría ocurrirnos a nosotros también, que un día podríamos tener reservada para nosotros una de esas seis sillas en la sala del hospital y que también estaríamos preguntándonos si realmente conocemos a esa persona amada.
Katia Klein nos inspira esa inocencia, esa confianza férrea en la persona que queremos a pesar de todas las señales que indican lo contrario.
La intensidad vendrá mostrada de la mano de Dani Gallardo. Éste intenta poner un punto de cordura obsesiva a la situación de los protagonistas en la que, como podemos observar, es fácil negar nuestros propios actos cuando se está completamente embriagado y sin ningún concepto de la realidad palpable.
La maldad psicológica viene representada por Marta Calvó, la cual da vida a una madre irrespetuosa y de convicciones claras que disfruta viendo ¨la paja en el ojo ajeno¨ pero que se niega a ver su demoledora realidad.
Intensidad enigmática en esta obra de Marta Buchaca que nos deja con la sensación de replantearnos si nuestro camino en la vida es el que realmente nosotros creamos o está construido por las personas que elegimos formen parte de ella.
David González Garrido





