Cuenta la leyenda sobre la diada de Sant Jordi que había un dragón que atemorizaba un reino. Sus habitantes decidieron entregarle cada día dos corderos para satisfacer su hambre y que no atacase la villa. Un día los animales empezaron a escasear y se decidió enviar a una persona —escogida por sorteo— y un cordero. Aquella familia que veía cómo un miembro era devorado por el dragón recibía, a cambio, todo tipo de riquezas como compensación.
Con el tiempo, le tocó a la princesa ser víctima del Dragón. Ese día, de camino hasta la cueva del dragón, la princesa se encontró al caballero Jorge y éste, mató al dragón clavándole su espada. De la sangre que brotó del cuerpo sin vida del monstruo, nació una rosa roja que el caballero le entregó a la princesa.
El rey ofreció al caballero todas las riquezas a imaginar, pero él prefirió que se repartieran entre los habitantes del reino. Además, se construyó una iglesia en su nombre, de la cual brotaba un agua milagrosa que era capaz de curar a los enfermos.
Por eso, en Cataluña, Baleares y en partes de la Comunidad Valenciana es costumbre cada 23 de abril que los hombres regalen rosas a las mujeres, como si de un caballero y una princesa se trataran. Ellas les regalan un libro, recordando el entierro y fallecimiento respectivamente de dos grandes de la literatura europea, Cervantes y Shakespeare, y otro hispanoamericano, Inca Garcilaso.
Una fiesta de gran tradición en la que las calles de muchas ciudades se llenan de personas paseando en ambiente festivo (aún laboral) en que la literatura, las rosas y un cálido ambiente entre la gente son los protagonistas. Por ejemplo en el 2013 se vendieron 1,4 millones de libros y seis millones de rosas.








