Prodigio de esperadísima quinta película la que ha firmado el mexicano Alejandro G. Iñárritu con «Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)»
Escrita en colaboración con el mismo equipo de guionistas de Biutiful – separado ya definitivamente de Guillermo Arriaga con quien firmó sus tres primeras obras : Amores Perros, 21 gramos y Babel – , Birdman acaba de obtener dos Globos de Oro a mejor guión original y a mejor director.
Lo que más aplaudo de este film es la absoluta precisión con que profundiza en el tema que retrata : la conciencia de la creación artística en nuestro tiempo –
A diferencia de aquello a lo que nos tiene acostumbrado Hollywood, esto es cine de autor, realizado con estrellas y medios considerables, pero de autor.
Tiene personalidad propia, es compleja en cuanto a capas, pero en absoluto recurre a elaboradas y pedantes maniobras filosóficas.
Es gratamente original y técnicamente supone un desafío impresionante, pero no teme alejarse del realismo naturalista para ello, y en lugar de perderse en digresiones secundarias para rebajar su densidad, como muchas de las películas de hoy en día que se convierten o en planas o en pretenciosas, establece todo un crisol de subtramas que convergen en la principal con un innegable criterio narrativo : la industria como maquinaria de productos banales, la dicotomía entre cine adulto y el blockbuster juvenil, las miserias y el postureo de las audiencias, la esterilidad de la critica «especializada», las posibilidades y las imposiciones de las redes sociales, la paternidad ausente, la verdad de las interpretaciones y su método, las dudas del creador, y en definitiva, la conciencia artística y sus implicaciones en nuestro tiempo en toda su extensión.
Birdman es la Eva al desnudo de Joseph L. Mankiewickz en versión 3.0, revisada desde nuestro tiempo, una joya de guión orquestada con muchísima madurez y concebida muy desde dentro de lo que cuenta, desde las mismas bambalinas que le sirven de escenario.
A su director se le nota francamente empático con su historia, se le intuye gran conocedor de lo que habla. Su peli es su propia voz, y en ella convierte a Michael Keaton en su propio alter ago : por mucho que en el film lo presente como un actor, su personaje es una alegoría de la creación artística y representa en realidad a todo creador que si bien se resiste a cuestionarse, evoluciona a través de la observación de su entorno.
El personaje protagonista es un actor que 20 años atrás pegó fuerte con su papel de superhéroe en un taquillazo de Hollywood, y que hoy por hoy no acepta la falta de talento que escucha constantemente en forma de menosprecio y critica allá donde va, sin embargo superados los 50 años, no se resigna a pasar a la posteridad de ese modo tan anodino, por ello pelea y hasta se hipoteca si es necesario, con tal de hacerse sitio en un mundo en el que paulatinamente aprende que no es el talento sino lo efímero de la viralidad y de los trending topic lo que en verdad parece dictar la relevancia de todo cuanto trasciende o impacta en nuestra sociedad.
Uno de los mayores aciertos del guión consiste en introducir con maestría una segunda voz para su protagonista, de este modo se presenta en pantalla su dualidad entre el yo como autor en la actualidad de la de su personaje de superhéroe obsoleto y actor olvidado en declive que hace las veces de su conciencia. Este resorte enriquece profundamente el trazo psicológico de su personaje y además nos ahorra el uso de pesadas voces en off y otras formulas convencionales de interrelacion de conciencias narrativas.
En su fondo y en su forma la película engloba en sí misma el enfoque autocritico y tragicómico de Billy Wilder en El crepúsculo de los dioses, la ácida ironía del mejor Woody Allen, la sátira surrealista del Fellini de «8 y 1/2», el realismo mágico tan presente en la literatura latinoamericana del s.XX pero llevado a las calles de Broadway, el agudo metodismo teatral de John Cassavettes en Opening Night y la audacia técnica de Orson Welles en el arranque de Sed de Mal o en cada plano de Citizen Kane.
Un casting de enorme precisión en el que destaca uno de los mas logrados ‘comebacks’ del cine reciente, el de Michael Keaton, comparable al de Bill Murray en Lost in translation.
Su interpretación arranca tibiamente, pero a medida que avanza la película, descubrimos que ese crescendo es intencional, para acabar culminando con un asombrosamente apabullante derroche interpretativo en el último tercio de la película.
Edward Norton se beneficia de muchas de las perlas que el guión obsequia a su personaje en forma de bien escogidas frases y resulta por ello mas convincente de lo que quizás demuestra su mera interpretación, aunque en contrapartida, ese mismo guión que tanto le mima durante las primeras 3/4 partes de la película, se olvida de rematar su personaje al convertirle en prácticamente transparente a lo largo del desenlace final.

Emma Stone, pese a no contar con esa misma generosidad del guión, sorprende con el deslumbrante talento con que interpreta su papel de hija de Keaton, una inadaptada en medio de un mundo de locos, que acepta resignada vivir en post rehabilitación como si de una imposición social externa se tratara, pero que internamente vive con más verdad las razones que le llevaron a su evasión que la propia necesidad de integrarse en una sociedad cuya falsedad ha descubierto y que si bien cree dominar a la perfección, en realidad no le interesa en lo mas mínimo
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Naomi Watts, es la única del elenco que repite a las órdenes de Iñarritu ( ya protagonizó 21 gramos ) Aquí, más discretamente, pero merece también el aplauso, así como un pequeño rol de un par de secuencias que hace Lindsay Duncan prácticamente de espaldas a cámara, el de la sombría crítica de teatral Tabitha, su papel ejemplifica el cariño y la sabia dirección de Iñarritu hacia todos y cada uno de los personajes por episódica que sea su participación en la trama.
Birdman esta planificada en base a una desafiante técnica de steadycam constante que proporciona la sensación de (falso) plano secuencia. Esto permite una dinámica narrativa y estética muy ágil, una libertad de movimientos prácticamente total (se ha rodado en 30 dias en el interior del mismo teatro St. James que retrata, con muy pocos planos en decorados) y toda esa hazaña técnica que todos desaconsejaban realizar a Iñarritu desde el principio, acaba aportando una conexión espacio temporal realmente activa con el espectador.
La cinematografía corre a cargo de Emmanuel Lubezki, habitual de Terrence Malick y Alfonso Cuarón y responsable de, en mi opinión, lo mejor de Gravity : su estética hiperrealista (pocas veces la representación del universo se ha visto tan natural como se ve en Gravity)
La fotografía en exteriores muestra una ciudad de Nueva York, o mas concretamente, Broadway, intemporalmente atractiva, con su corazón latiendo desangelado desde el vibrante distrito de los teatros.
La banda sonora esta compuesta por Antonio Sanchez quien mezcla solos de percusión jazzística con fragmentos de Mahler, Ravel, Rachmaninov o Tchaikovski, hecho por el cual no ha sido aceptada de cara a nominaciones en los próximos Oscar al no tratarse enteramente de una partitura original.
En definitiva, Birdman es una obra magistralmente escrita, con una narrativa que hasta cuando flojea, atrae por la cantidad de frases deliciosas que incluye, sin por ello caer en la pedantería gratuita lo mas mínimo, muy bien interpretada por todos sus actores, aun sin llegar a ser una película coral todos entran y salen de plano con un naturalismo extraordinario, y dotada de una personalidad única gracias sobre todo a una trepidante adictiva y audaz realización técnica que no da tregua ni permite desconectar de la evolución de esta sátira negra y amablemente corrosiva a lo largo de los 120 minutos que dura.
Raúl Nuevo










