La actualidad gráfica del pasado viernes 21 de Noviembre ha venido marcada por las imágenes del ingreso en prisión de la cantante Isabel Pantoja así como también por las del funeral de Cayetana de Alba, fallecida el día anterior en Sevilla.
Sin embargo, hay una fotografía de ese mismo día, que, pese a no haber gozado de una difusión masiva por los medios, no ha pasado nada desapercibida, logrando conmocionar a gran parte de nuestra ciudadanía muy por encima incluso de esos dos eventos.

Mientras Isabel Pantoja se preparaba para entrar a cumplir condena en la cárcel de Alcalá de Guadaíra, y en la casa de los Alba se ultimaban los detalles del sepelio de su matriarca, Andrés Kudacki, fotógrafo de la agencia Associated Press, pasaba la noche en el domicilio de Carmen Martinez Ayuso, una anciana de 85 años que iba a ser desahuciada de su vivienda en el distrito madrileño de Vallecas en la mañana del viernes.
Les acompañaba el nieto de Carmen y dos integrantes de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).
Carmen Martínez avaló con su propia casa de Vallecas la consecución de un crédito personal de 40.000 euros en favor de su propio hijo, cantidad que otros medios cifran en 70.000 €. Su casa, no obstante, está tasada en una cantidad cercana a los 160.000 euros, sin embargo su hijo perdió su empleo y no pudo responder ante el prestamista, quien al tratarse de un acreedor privado, en uso de sus derechos perfectamente legales, resolvió el acuerdo manifestando su interés por hacer suya la propiedad, y bloqueando así cualquier posibilidad de conceder un usufructo a la anciana, quien venía residiendo en la vivienda los ultimos 50 años.
En la mañana del viernes, Carmen recibió la visita de los miembros de los cuerpos de Seguridad para proceder al desahucio. Su calle, como viene siendo habitual en este tipo de operativos, cortada por antidisturbios, y la anciana angustiada ante tal dispositivo policial parecía ser víctima de esa doble reacción de muchas de las personas muy mayores, que por una lado no se enteran de las cosas y por el otro, a la vez, sufren terriblemente.

Por su parte, Andres Kudacki, lleva mas de 3 años fotografiando la triste realidad del aspecto social de los desahucios. En este tiempo, su objetivo ha retratado a un sinfín de protagonistas de esa interminable lista de gente forzada a abandonar sus viviendas por su falta de liquidez ante un compromiso hipotecario. Su página web esta repleta de interesantes imágenes de ejemplo.
En la mañana del viernes 21, el fotoperiodista y su cámara vivieron en directo todo el dramatismo y la tensión del enfrentamiento entre activistas y fuerzas del orden.
Kudacki realizó una serie de fotos que retratan la dimensión de la angustia que se experimenta en un desahucio y en especial condensó el sobrecogedor dolor de Carmen en una instantánea que ya se ha convertido en una desoladora metáfora del desamparo. En ella, la anciana, sola, llora con los ojos cerrados, mientras se sostiene en un bastón con una mano, y en la pared con la otra..

Desde su publicación en el diario EL PAIS, miles de usuarios han compartido esta misma imagen en sus redes sociales.
Independientemente de la multitud de casos similares que arrastramos, continuamos empatizando con todos estos casos, si bien nuestro estremecimiento parecer encontrar mayor viralidad cuando viene acompañado de una imagen que redunde de forma gráfica en ese desamparo.
A pesar de haber obtenido fotografías de gran repercusión, algunas de las cuales le han merecido incluso diversos galardones internacionales, Andres Kudacki presintió que esta imagen sería especialmente icónica desde el mismo momento en que la disparó : » Supe que era una imagen muy potente desde que la capté en el visor, sé que hace pensar mucho más y tener una continuidad imaginaria de lo que está pasando»

El fotógrafo narra así el momento en que realizó esa foto.

«Yo estaba dentro de la casa, con Carmen, y desde ahí se escuchaba todo. Fue entonces cuando disparé las fotos de la anciana, desolada, en su casa. Tomé muchas imágenes, aunque finalmente únicamente difundí una parte de ellas. El momento era terrible, muy dramático.Carmen no paraba de repetir que había trabajado toda su vida en el campo, o limpiando casas, que había perdido ya a su marido, que les había dicho a las amigas que fueran a misa y rezaran por ella, que nadie podía hacer ya nada para salvarla. Es una persona que ha trabajado toda su vida y que ahora llega al final perdiéndolo todo o no teniendo nada casi.
Ella cogió lo que pudo, no todo. Cargó lo que pudo, y el hijo también, y la casa quedó bastante intacta», lamenta el fotógrafo, al tiempo que asegura que Carmen solo pretendía que le diesen un tiempo o vivir allí hasta que falleciera.

Al abandonar el inmueble, ya sin Carmen en su interior, y en medio de la agresvidad desplegada por el fuerte dispositivo policial, su cámara sufrió golpes por parte de las fuerzas de seguridad. Aprovechó entonces para refugiarse en el piso de un vecino y desde el siguiendo haciendo fotos, desde ahí captó, entre otras, las imágenes de la detención de un activista.
Kudacki, quien está pendiente de juicio acusado de obstrucción a la acción policial en otro desahucio anterior, defiende su papel de imparcialidad como fotoperiodista y lamenta que, cada vez en más y más ocasiones, la policía tienda a identificar su labor con la de enemigos :

«Como fotógrafo estoy ahí para ser testigo de lo que pasa y a pesar de que llevo con una cámara trato de ser lo más invisible posible. Nosotros no somos activistas, estamos ahí para mostrar lo que esta pasando a la sociedad. Y que después la sociedad se haga preguntas».

La importancia de no mantenernos insensibles ante situaciones como ésta, por mas frecuencia con las que se repitan, viene demostrada por el efecto de su propia repercusión en los medios. Gracias a todo ese caudal de sensibilidad que tantas personas han desplegado en torno a este caso concreto, hoy se ha sabido que el club de fútbol del barrio en que reside Carmen, el Rayo Vallecano, financiará el alquiler de una vivienda en lo que le pueda quedar de vida.
Pero que nadie se engañe, este no es ningún final feliz, sino el destello final de una solidaridad que, al menos últimamente, no parece llevarse nada bien ni con el sentido común ni mucho menos con la legalidad vigente.
Lo que Andres Kudacki ha retratado es el desamparo de una anciana al renunciar a la casa en la que acumula la practica totalidad de sus recuerdos.
A sus 85 años, Camen no debería haber tenido que pasar por esto, ni tan siquiera imaginarlo.

                                                                                     Raúl Nuevo

raúl nuevo


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