Estamos en Argentina, viaducto de la Polvorilla, en el conocido como Tren de la Nubes, por que en su ascenso por la montaña, este tren, llega a confundirse con ellas, como si penetrase en el cielo. Tren sin cremallera que asciende rampante y en zigzag hasta 4000 metros sobre el nivel del mar pasando 21 túneles y 29 puentes. No os lo perdáis, porque además de tratarse de un viaje diferente, os puede deparar experiencias inesperadas e increíbles, como la que sigue. Se trata de un tren turístico único; look años 50, departamentos de lujo, gran ventana para disfrutar del paisaje, cama doble, baño completo, mini nevera, música ambiente y una pequeña bombona con mascara de uso individual en cada compartimento para prevenir y en su caso paliar el efecto de la perdida de oxigeno por la altura. Todo el interior del tren luce forrado con maderas nobles y confortables moquetas y no hay televisión, sería un desperdicio. Para mí y mi pareja, este tipo de viajes nos hace felices y siempre nos deparara aventuras, aunque esta vez muy pronto voy a saber hasta qué punto. Nos disponiéndonos a entrar en el lujoso vagón restaurante para cenar.

En el comedor del tren

Siguiendo nuestra costumbre cuando estamos de fiesta, ambos salimos bien vestidos, pero… “olvidamos” la ropa interior. Sé bien, que mi cuerpo especialmente en bikini, pero también con el conjunto vaporoso que llevo hoy, habitualmente despierta gran interés, entre los hombres pero también entre las mujeres. Estoy segura que aquel que supiera que debajo del vestido, no llevo nada, se interesaría por mi mucho más. En topless atraigo las miradas como nadie, ya que mis pechos miran hacia arriba”, y mi cintura de abeja y alto trasero lucen muy bien modulados. Este estado de desnudez interior muy similar al de bañarnos desnudos, nos hace cómplices y acrecienta nuestra excitación. Pero no nos vamos a quedar solo ahí, claro; así que después de asegurarnos de que nadie nos presta atención, como parece ser el caso ahora mismo en este comedor, empezamos a jugar por debajo del generoso mantel con nuestros pies libres de zapatos. La estrecha mesa del vagón comedor facilita que él, llegue sobradamente al fondo de mi entrepierna sin encontrar impedimento alguno, lo que le permite acariciar mi cueva directamente una y otra vez, aprovechando en este caso, el “vaivén” del tren… En poco tiempo estas caricias que dan ritmo a mi pelvis, me están haciendo saltar de placer, así que he estado a punto de salir corriendo con mi compañero, a nuestro compartimiento privado, a terminar lo empezado. Pero antes tenia corresponder, así que yo por mi parte he tomado entre mis pies el apéndice que él me ofrecía desde su abierto pantalón, y tras iniciar suaves movimientos primero rotatorios y luego de forma ascendente y descendente siguiendo también el ritmo del tren, he ido notando como ese mágico cilindro crecía y se endurecía más y más, poniéndole también a él al borde de una explosión, que sin embargo queríamos evitar para hacer más duradero el placer de estar haciéndolo en público. Aunque siempre hemos tratado de ser discretos, la posibilidad de que nos descubran y nos llamen la atención nos inquieta, pero la transgresión cometida, nos turba y excita mas. Pensamos que nadie nos va a descubrir pero “en el fondo” lo deseamos, porque “sabernos descubiertos” es lo que más “nos pone”; nuestro juego descubierto por miradas lascivas y envidiosas.

Excitada y acalorada con mi blusa desabrochada mas de la cuenta, notando mis rojizos pezones erectos, no puedo evitar introducir mi mano en mi escote y acariciarlos levemente a la vez que le dejo ver parcialmente mis pechos. Mi pareja disfruta con lo que ve y con lo que le hago sentir debajo de la mesa. Es extraordinario; no dejéis de probarlo….buscar la ocasión… Es en ese mismo momento mientras miro distraída a mí alrededor, cuando mis ojos se topan con los de un hombre de edad media, delgado, de rostro afilado y bien parecido. Cena al parecer solo, un poco más alejado. Debió de llegar silenciosamente y al estar nosotros ocupados en lo nuestro, no lo vimos, pero el sí a nosotros. Sé ahora mismo por su expresión que ha estado siguiendo nuestras evoluciones y sabe perfectamente lo que estamos haciendo. Nuestros ojos se han encontrado justo cuando entre abrí mi blusa para mi pareja ¡Me siento descubierta ¡ pero eso me excita . Él, habrá visto muy probablemente alguna parte de mis grandes y bien formados pechos, porque ahora nos mira ya sin ningún recato, diría que hasta de forma insolente y provocadora, sabe que nos ha descubierto y que eso nos gusta, por eso nos muestra su mirada ávida. Mi corazón se desboca y entro en suave pánico, es un pánico dulce por esperado. Alguien agradable y educado nos descubrió y sigue cómplice y en silencio nuestro juego, disfrutando con él y aceptando la distancia que le imponemos. Eso es lo que más nos pone, que el voyerista acepte disfrutar de lejos con nosotros. Mi pareja siguiendo mi mirada también descubre al extraño y percibe su penetrante mirada. Sé que si en ese momento yo estuviera desnuda en la silla, a mi pareja no le importaría que el viajero solitario mirase mi cuerpo de modelo con deseo. Me entran unas ganas locas de quitarme la poca ropa que llevo y mostrarle al extraño mi cuerpo, para lanzarme al mismo tiempo bajo nuestra mesa y seguir con mi boca lo que empecé con mis pies. Me imagino al desconocido inclinándose bajo la mesa para observar la felación. Lo hubiera hecho, de saber que seguiríamos allí solos los tres, pero debo reprimir ese deseo porque no queremos causar ningún escándalo y por el pasillo transita algún viajero, así que me esfuerzo por animar a mi compañero a concentrarnos en la cena. Al poco nuestro atento observador, quizás decepcionado ante el cambio de ritmo, se levanta. Al irse constato su buen porte. Durante los postres ya solos, volvemos a nuestro juego esta vez chupando con voluptuosidad los dedos del otro con la nata del flan, que nos ofrecemos. Nos reservamos pensando en ir enseguida a nuestro compartimento de lujo, a terminar lo empezado.

“Al entrar en la ducha ; me falta la respiración “

Me adelanto para tomar una ducha, mientras mi chico termina el café, y su copa, paga la cuenta y pide unos hielos que como de costumbre nos van a servir para diferentes cosas. Al llegar a nuestro vagón me turba ver de nuevo al hombre del comedor, apoyado ahora justamente en la ventanilla anterior a nuestro compartimento; mira el paisaje y hace fotos…. Al pasar entre él y el estrecho pasillo, levanta la cámara y se pega a la pared para dejarme pasar pero con el vaivén del tren nuestros cuerpos entrechocan, siento un intenso pero embriagador perfume masculino. Al levantar la cabeza al pasar, veo como aparta azorado una mirada anhelante que ya conozco y que ahora mismo he sentido clavada en mi abierto escote, que olvide abrochar. He vuelto a mostrar mis pechos en menos de una hora al mismo individuo, esta vez a centímetros. Ambos quedamos cómplices de lo que sabemos.

Tras acceder a nuestro compartimento y mientras me quito lo poco que llevaba puesto; blusa y falda corta, he sentido un primer mareo pero no he hecho caso. Ya sin ropa, al tratar de entrar en la ducha, he notado que me faltaba la respiración…, y viendo entonces allí colgada, la bombona de oxígeno, comprendo lo que me pasa, pero se me nublan ya los ojos, y mientras trato de agarrarme a la percha, me voy hacia atrás. Siento que caigo redonda al alfombrado suelo. Emito un leve grito de socorro y oigo ya tenuemente cierto estrépito mientras me derrumbo sobre la moqueta.

Entreabro los ojos…., no se cuanto tiempo ha pasado pero alguien ha acudido en mi ayuda, pues me llega un intenso y embriagador perfume, que me resulta familiar, y que me reanima. Al ir recuperando la conciencia, compruebo que me encuentro sin ropa alguna en la moqueta del departamento, en brazos del hombre del comedor, que me observa ahora con rostro preocupado. Con su brazo izquierdo me mantiene medio incorporada, mientras que su mano derecha deja la mini bombona de oxigeno que entiendo me acaba de aplicar y acaricia ahora suavemente la base de mi nariz haciéndome respirar un clínex humedecido, en el que constato es su propio perfume. Vuelvo en sí… siento una extraña paz, compruebo que mi abrigo de píeles cubre parcialmente mi desnudez, pero comprendo que al oír el estrepito, el extraño habrá tenido tiempo suficiente de observar mi cuerpo caído sin ninguna ropa en el suelo alfombrado. Este pensamiento me averguenza, porque después del episodio del comedor y de la fiera mirada que, al casi fregarme con él , he sentido poco antes clavada en mi escote, sé que todo y cubriéndome, se habrá tomado su tiempo en contemplarme a gusto y quedarse con una imagen que sé, es muy turbadora. Mis pensamientos se agolpan… era yo quien fantaseaba en mostrarme sin ropa frente a él y estoy segura que después de atisbar en mi blusa ese era también su deseo que ha visto cumplido sin ni siquiera haberlo imaginado. Me siento avergonzada, pero también excitada y protegida a la vez, por este extraño. Me asalta de pronto una leve inquietud al pensar en la cámara de fotos que manejaba en el pasillo.

El controlador del tren abre en ese momento con su llave maestra la puerta de mi compartimento, supongo que alertado también por el estrépito que hice al agarrarme a la percha al caer. Entre los dos me ayudan a incorporarme de la moqueta para sentarme en la litera. En ese momento mi abrigo de pieles resbala al suelo y percibo la mirada entre azorada y ávida de ambos hombres sobre mi cuerpo, enteramente a la vista. No obstante ambos raudos, se aprestan a cubrirme de nuevo con mi abrigo que recogen del suelo. Al poco me siento ya repuesta casi del todo, así que me levanto sin ningún recato y me pongo el abrigo, ofreciendo una vez más la que creo que va a ser una última visión descarada de mi persona sin ropa por parte de estos caballeros. No sé ahora mismo cuan equivocada estoy. Compruebo ahora que el hombre del perfume entró por la puerta medianera que comunica nuestro departamento con el contiguo, y que en su momento no pensé en cancelar. Mi salvador es por tanto nuestro vecino. Agradezco a ambos hombres sus atenciones, les convenzo de mi total recuperación y les aseguro que usare el oxígeno ante nuevos vahídos. Enseguida los despido, saliendo cada uno por una puerta distinta. Han pasado menos de diez minutos. Por fin la prevista ducha templada en la que me abandono, tras enjabonarme de pies a cabeza, me acaba de reanimar. Mientras me envuelvo con una toalla que me queda muy pequeña, pienso en lo tranquilo que debe de estar mi pareja sin ni imaginar lo ocurrido y me alegro de que se haya quedado al margen de lo sucedido.

Un pestillo que no se cierra

Al salir de la ducha y antes de cubrirme parcialmente con la toalla veo en efecto reflejado en el espejo mis espléndidas formas, que muchos quisieran ver , así que tras esta visión de mi misma doy por bueno el haber podido corresponder a mi salvador mostrándole mi esplendido cuerpo tal como vine al mundo; estamos en paz. Mientras recojo del suelo algunos papeles y tarjetas que se cayeron de mi bolso, al desmayarme, compruebo ahora que la puerta que da al otro departamento sigue entre abierta. Al ir a cerrarla veo de nuevo al hombre que me acaba de tener entre sus brazos. Él parece distraído, aunque nota mi presencia y me mira. Después de lo ocurrido, la toalla que ahora me cubre parcialmente me resulta más que suficiente y no pienso que la semidesnudez es aveces más excitante que la desnudez completa.

Sostengo pues su mirada y ahora soy yo, la que sin ningún recato y a pesar de que también me está mirando con fijeza, repaso desafiante y admirada su esbelta figura de arriba abajo. Un cuerpo moreno y fibroso, ahora solo cubierto por un muy ajustado short, deja ver unas importantes formas

Continuará…

Autora: Jazzmín/d”


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