Hoy he visto una foto que me ha hecho pensar en cuanto te dicen: jamás te miraré el móvil.
Decía: «Miedo, lo que se dice miedo, se pasa cuando ella te dice: Me he quedado sin batería» … y empiezas a sudar frío».
Leí una vez que el que esté libre de pecado, que le deje el móvil a su pareja durante una semana entera.
¿Quién no ha tenido alguna vez una pareja que le ha dicho: Yo jamás le miraría el móvil a mi novio/a, a quién si tu le dices: «Yo si algún día tengo sospecha de algo te lo miraré» y eso acaba provocando una discusión en la que quedas de talibán, paranóico, y hombre de las cabernas?. Y eso que se lo has dicho hablando de un supuesto, ejerciendo un acto de sinceridad sobre un caso hipotético que no tiene por que darse. Pues bien, he llegado a una conclusión científicamente probada que se da absolutamente siempre. La pareja que te dice que jamás te mirará el móvil y que sufre indignación por el simple hecho de que tu digas que dado el caso si que lo harás, es la que un tiempo después se volverá una especie de Gestapo doméstica que aprovechará el mínimo descuido para mirártelo siempre.
Los que somos sabedores de ello intentamos no perder de vista el aparato. Realmente, no es que tengamos nada que ocultar. Pero es que ahora el móvil ya no da acceso solo a las llamadas, lo da a los whatsapps al facebook… Mucha información que pertenece a la intimidad. Hay personas, como yo, que no borran los mensajes. No lo hacen por que piensan que igual un día a los 60 años decidirán que quieren leer lo que hacían a los 30 como un ejercicio de nostalgia. Y eso nos lleva a ese sudor frío, ese saber que esa persona que «jamás te mirará el móvil» acabará encontrando algo que no le va a cuadrar. Un ejemplo de ello puede ser un:
«Tengo ganas de verte 🙂 ya marcaremos un día». Un mensaje inocente a una amiga de la que te has acordado, con la que nunca has tenido ningún tipo de relación sexual ni interés por ambas partes, a la que llevas dos años sin ver pero te cae bien y que aún poniéndole ese mensaje sabes que tardarás un mínimo de dos años más en verla, porque las ganas son solo en ese momento, además de que, por dejadez, tardarás mucho en encontrar ese hueco.
Ese mismo mensaje ellas lo interpretan como un: Tengo ganas de volver a acostarme contigo, nunca lo he pasado tan bien con nadie, no consigo olvidarte y te aviso un día que pueda darle una excusa a mi novia, para que no se entere de que vamos a vernos.
Y eso es precisamente lo que queremos evitar no dejando acceso al móvil, porque además no lo olvidemos, esos mensajes no prescriben jamás. Ella bajará hasta el 2009 si es necesario y si en esa fecha ya estabais juntos, la ira será igual de intensa como si el mensaje fuese de ayer.
Para que te miren el móvil hay mil excusas, siempre las encuentran de un modo en el que jamás admitirán celos infundados. Una excusa es el: «Como nunca me lo dejas da que desconfiar». Somos nosotros quienes hemos provocado la situación, por supuesto.
Cuando los móviles empezaron a tener un bloqueo con PIN parecía que ese problema quedaba resuelto. Pero nada, el rabillo del ojo tiene capacidad de ver ese código desde la otra punta del piso. Las personas que jamás te mirarán el móvil tienen un visión panorámica que ni los más avanzados inventos tecnológicos del ejército de los Estados Unidos.
Conclusión, todo el mundo mira el móvil de su pareja, solo que los que dicen no hacerlo, son los que lo hacen siempre! Así que ya sabéis, cuando un día a los inicios de la relación tu pareja te diga: Yo nunca miraré el móvil, es que te lo mirará siempre, ya sabes a lo que te atienes.
Conclusión extra y ese sería un tema distinto aunque relacionado. Cuando una pareja al inicio de la relación te dice, yo no soy celosa y además soy independiente, quiere decir: «mi ex era un buenazo y yo hacía lo que me daba la gana mientras él me esperaba en casa (por eso no soy celosa/o) pero que a la que descubra que tu no eres su ex y que tu si que eres independiente entonces: scanner de móvil, celos y posesión a límites insospechados.
Hay verdades tan ciertas y demostrables como que solo llueve cuando está nublado.
Autor: Sergi Lacorte





