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“Nací en las montañas del Sistema Ibérico riojano en un lugar salvaje y alejado de la civilización. Crecí en medio de frondosos bosques de pinos jugando a explorar los valles y los ríos como si cada mañana me enfrentase a una expedición. Esta infancia solitaria en medio de la naturaleza marcó mi vida.
Comencé a practicar el alpinismo con dieciséis años como una continuación de los días de la infancia yendo a buscar vacas parideras en los hoyos (antiguos circos glaciares) de la sierra de Cebollera. Tuve la suerte de dar mis primeros pasos en el mundo del alpinismo de la mano de gente como Jordi Corominas, Santiago Palacios o Germán Bahillo, escaladores, alpinistas para los que la actividad en montaña era una búsqueda, un peregrinaje hacia la esencia de lo humano. Con ellos escalé por primera vez en el Himalaya y en la Patagonia, durante una época en que la montaña era un ejercicio de exploración y desobediencia.
Con veinte años comencé a trabajar como guía de montaña y a viajar habitualmente en busca de nuevos lugares donde encontrar retos geográficos y deportivos. He pasado veinticinco días en una cueva de hielo para escalar el Cerro Torre, he viajado en barco y luego en hidroavión para alcanzar un glaciar en Alaska por el que esquiar durante una semana para alcanzar la base del Devil´s Thumb. He viajado a caballo durante tres días en la cordillera de Huayhuas en Perú para intentar escalar la cara oeste del Siula Grande sin éxito. He hollado media docena de cumbres vírgenes en Pakistán. Me he bajado de muchas más montañas que las que he conseguido escalar. El alpinismo es un medio, una excusa formidable, para visitar los últimos lugares remotos de la tierra o para buscar la aventura en espacios más transitados.
Desde hace diecisiete años trabajo como guía de montaña compartiendo mi pasión por las montañas y la aventura con clientes o jóvenes deportistas. En la actualidad vivo en Chamonix, en los Alpes franceses, desde donde mi vida continúa su órbita viajera.”

Simón Elías es también escritor. Publica con asiduidad artículos sobre viajes, alpinismo, lugares y personajes remotos en revistas especializadas y prensa generalista y también ha escrito un par de libros.
-¿Cómo llegaste al mundo de la escalada en hielo?:
Mi último año en el instituto lo pasé en Colorado (USA). Allí durante el invierno hacía tanto frío que la única opción era la escalada en hielo.

-¿Qué te inspira y te atrae de la escalada en hielo?:
Me gusta escalar montañas en cualquiera de sus facetas: roca, hielo, nieve… Me gusta la aventura, la relación con la gente que encuentro en los valles y la investigación necesaria para enfrentar una escalada en un lugar remoto. Para mí las montañas son viajes, cultura, observación, lecturas, acción y reflexión.

¿Zonas favoritas para escalar hielo o dry tooling?
Las montañas. No me gustan las pequeñas paredes donde todas esas características del alpinismo que me atraen se desvanecen para dejar lugar a lo estrictamente deportivo. Si buscamos exclusivamente la dificultad o la velocidad matamos el espacio. Hacer M13 con la única motivación de lo deportivo desplaza al entorno. Yo me quedo con el entorno, con un escenario salvaje y alejado de la civilización donde jugar a ser niños otra vez.

¿Un momento que nunca olvidarás de escalar en hielo?
Excavar un túnel para llegar a la cumbre del Cerro Torre durante la primera ascensión española a la ruta Ferrari junto a Iosu Merino.

¿Proyectos para el próximo invierno?
Mantenerme con vida. Don Whillans tenía una máxima: Hay dos tipos de escaladores, los estúpidos y los que siguen vivos. Yo intento mantenerme en el segundo grupo: cobarde pero vivo.

 

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